Peregrinar tiene una larga tradición en el cristianismo. Antiguamente los creyentes viajaban a lugares santos para hacer penitencia y pedir gracia, y hoy las parroquias siguen organizando estos viajes.
La meta al final del camino nunca lo fue todo. También cuenta el tiempo que se tarda en llegar, y por eso hoy se pone en marcha mucha gente que no es religiosa. Buscan tranquilidad, quieren salir de la rutina o simplemente les apetece recorrer a pie una distancia larga.
Vayas en solitario, en pareja o en grupo, cada persona vive el camino a su manera. Para que el viaje salga bien hace falta algo de preparación.








